Primero
Entender antes de recomendar.
Revisamos lo que ya tienes contratado —póliza en mano, no de memoria— para saber qué cubre, qué deja fuera y qué vale la pena revisar.
Después ponemos el riesgo en contexto. Una deuda pendiente, varios años de gasto familiar o una persona indispensable para una empresa plantean problemas distintos.
La recomendación debería partir de esas diferencias.
De esta conversación no tiene que salir una cotización. Tiene que salir claridad.




