Esto lo abres tú cada mañana.
No todos los riesgos de un negocio valen lo mismo. Antes de cotizar hay que separar los que lo cerrarían de los que sólo cuestan caro, porque el orden en que se aseguran cambia lo que pagas.

Pasa más de lo que parece: el coche del dueño asegurado y la nave sin cobertura. Un incendio con pérdidas consecuenciales, una demanda de responsabilidad civil — que no necesita que hayas hecho algo mal —, la máquina de la que depende la producción: cualquiera de esos eventos cuesta más que años de primas. El diagnóstico pone cada riesgo en su lugar: qué es crítico, qué es asegurable y qué conviene asumir.
Cómo trabajamos
Recorremos el negocio anotando qué lo detendría: el inmueble, la máquina de la que depende la producción, la mercancía guardada, las demandas que podrían llegarte por operar. Después separamos lo que hay que asegurar sí o sí de lo que puedes absorber tú, y cotizamos en ese orden.
Objeciones
El edificio es del arrendador; el contenido, tu equipo, tu mercancía y tu responsabilidad frente a terceros son tuyos.
Lo que se deja de ganar mientras el negocio está parado por el siniestro. Muchas veces duele más que el daño físico, y es asegurable.
Es para cualquiera que pueda causar un daño operando: un cliente que se cae en tu local, un producto que falla, un servicio que sale mal.
En dos casos no: si el beneficiario que nombraste es tu cónyuge o tus hijos, o si renunciaste en la póliza a poder cambiarlo. Fuera de ahí, sí. No es automático: son dos casillas que se llenan al firmar y no se pueden llenar después.
Empecemos
Cuéntanos qué haces y qué te quita el sueño. El mapa lo levantamos nosotros.
Preguntas sobre este seguro