Un día vas a dejar de trabajar. Asegúrate de seguir cobrando.
Un plan de retiro no se mide por lo que promete a treinta años, sino por si vas a poder sostener la aportación en los años en que las cosas salgan mal.

Hay quien arranca con una aportación que no puede sostener y la abandona al segundo año. El plan correcto es el que se puede pagar todos los meses durante veinte años. Aquí a veces le proponemos a un cliente invertir menos de lo que traía pensado: llega más lejos un plan que se sostiene que uno que se abandona.
Cómo trabajamos
Partimos de lo que ya tienes —la Afore, lo que ahorras por tu cuenta— y del ingreso que querrías conservar cuando dejes de trabajar. Proyectamos con supuestos conservadores y después probamos la aportación contra un año malo. Si no resiste, se baja: un plan abandonado al segundo año no rinde nada.
Objeciones
En el diagnóstico proyectamos tu caso real: cuánto, hasta cuándo y qué esperar con supuestos conservadores. La mejor fecha para empezar es la más cercana.
Los planes serios contemplan flexibilidad. Parte del diagnóstico es elegir una aportación que resista tus años malos, no solo los buenos.
No, y la regulación prohíbe hacerlo. Proyectamos con escenarios realistas y te explicamos qué depende del mercado y qué está garantizado por contrato.
Los planes personales de retiro tienen beneficios fiscales, con topes y condiciones. Cuánto aplica a tu caso se revisa con tu declaración en la mano, no de memoria.
Empecemos
Dinos tu edad y qué tienes hoy. La primera proyección sale de ahí, y se ajusta las veces que haga falta.